Soy una persona algo quisquillosa (quienes me conocen de viva carne lo saben) y más si es con muchas "historias de amor (así, entre comillas). Considero el amor -llevándome a muchos en mi contra- como una necesidad si no es que una finalidad a la que todo ser humano aspira, pero cuando de escuchar o leer ese tipo de historias me es muy difícil encontrar un punto en el que puedan llenarme.
Las historias de amor no necesariamente deben ser sobre parejas: pueden tratarse de amigos, de padres, de hermanos, de una mascota, el amor lo hay en muchas formas (otrora "amor" y "amistad" estaban enlazados en una palabra). En esta ocasión trataré, al ser más frecuentes, mi poco agrado con las historias del tipo "pareja".
En las historias de amor podemos tener dos opciones: ser movidos o no por ellas. Y la razón de ser fácilmente movido por ellas es la empatía y con esa misma un gusto que puede ser de varios tipos. Me siento a mi mismo como una persona carente de gusto por esa empatía: la búsqueda del ideal de "amor de ensueño".
Y es ese ensueño, esa búsqueda cegada por el ideal acompañada de un rechazo de realidad lo que me causa un dolor, incomodidad y a veces prurito: No puedo concebir los amores que he tenido sin todo aquello que los hacía tener su propiedad, esos hábitos, defectos y maneras de hablar que te mostraban un poco más allá de ellos y te permitían diferenciarles de entre todos los demás, notar sus padeceres, sus seres siendo afectados, su crecimiento... su muerte.
Muchas historias, canciones, relatos, son como las pláticas de dos adolescentes que no conocen otras personas y odian de inmediato sin conocer el resto de cosas que les aguarda: Si le palpas con las manos frías se siente la carencia de otra persona en ese arte que con migo, incumple el hacer sentir algo a mi persona ¿Qué puedo sentir sino los deseos de otra persona plasmados en el rechazo al resto de humanos, lo único que realmente tenemos?
Bastantes historias hablan de la auto-complacencia: una auto-complacencia que se resume comúnmente en mandar, tener más, tener mucho, tener para tí TODO; Harem, fidelidad del otro lado y gusto por tu infidelidad, cumplimiento de caprichos, cúmulo de hábitos insanos pero complacientes, muy parecido a programar una máquina.
Tantas cosas así, a parte de causarme lo ya mencionado me traen la pregunta ¿Tanto odian la realidad? ¿Tantos deseos hay de ver en el otro un mero objeto que cumpla con satisfacción propia? Se resume a una situación con la pareja que me trae el Mateo 16:26 de inmediato.
Es rara la historia de amor famosa que me toca el corazón de verdad, y es rara en general la que escucho como historia de amor: la mayoría son fracasos de intereses de negocios, necesidades de control disfrazadas de relación, costumbre y cariño tras dañar y hacer daño, cohibición que terminaba en una relación entre apariencias creadas fuertemente por un más fuerte pudor y en muchos casos una conclusión rencorosa. Sentir una historia de amor que produce una sonrisa en quien te la cuenta y en ti mismo es una de las pocas palabras que tengo para describir las vivencias que unas pocas personas han sabido darme (especialmente ancianos).
No me suelen gustar las historias o canciones de amor... porque simplemente no siento amor en ellas.
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